Una historia que
vuelve a sonar.
Hay historias que comienzan con una nota y terminan convirtiéndose en melodías capaces de permanecer en la memoria. La historia de nuestro grupo musical es una de ellas: un recorrido en el que los instrumentos, las voces y los sueños de los estudiantes han encontrado en la música una manera de expresarse, encontrarse y construir identidad.

Todo comenzó cuando el proyecto tomó forma como una orquesta escolar. El saxofón, la trompeta, el clarinete y la percusión se unieron para dar vida a una propuesta en la que cada instrumento aportaba su propio carácter a una sonoridad compartida. Entre ensayos, aprendizajes y descubrimientos, la música empezó a abrirse camino como un lenguaje común: escuchar al otro, encontrar el propio ritmo y aprender a interpretar una melodía se convirtieron en experiencias de creación colectiva.

Cada instrumento tenía una voz particular, pero era en el encuentro donde aparecía la verdadera música. Así, la agrupación construyó su historia nota a nota y compás a compás, haciendo de la práctica musical un espacio para explorar talentos y descubrir las posibilidades expresivas del sonido.
La pandemia interrumpió el curso de aquella historia. Los encuentros presenciales se suspendieron y los ensayos dejaron de ocupar su lugar habitual. La música, que encontraba en la reunión de sus integrantes el espacio para manifestarse, tuvo que esperar.
Fue una pausa impuesta por las circunstancias, una página en blanco en la partitura de la agrupación. Sin embargo, las historias musicales también permanecen en los aprendizajes adquiridos, en las experiencias compartidas y en la memoria de quienes encontraron en ellas una forma de expresión. Durante aquellos años, la historia quedó en suspenso, a la espera de una nueva oportunidad para continuar.

Ocho años después de su fundación, y tras seis años de interrupción iniciados en 2020, el proyecto retomó su camino. El regreso trajo una transformación sonora: la agrupación abrió sus puertas a nuevas posibilidades instrumentales y comenzó a explorar un formato renovado.

Las guitarras eléctricas se incorporaron a la propuesta; la percusión folclórica y el cajón aportaron nuevas texturas rítmicas, mientras el saxofón conservó su presencia. La sonoridad empezó a tender puentes entre lenguajes diversos, reuniendo elementos contemporáneos con ritmos y timbres vinculados a las tradiciones musicales.
El repertorio también amplió sus posibilidades creativas. Las canciones conocidas encontraron nuevas formas de interpretación mediante arreglos adaptados a los instrumentos y características del grupo, mientras las composiciones originales abrieron un espacio para explorar su propia voz.
Volver a sonar significó volver a imaginar. Cada ensayo ofrece la posibilidad de descubrir combinaciones inesperadas, construir un arreglo, ensayar una idea y convertirla poco a poco en una obra compartida.
Hoy, nuestro grupo musical representa una historia de continuidad y renovación. Desde aquella primera formación de vientos y percusión hasta el formato instrumental de su regreso, la agrupación demuestra que los proyectos artísticos pueden transformarse, encontrar nuevos caminos y conservar la memoria de sus comienzos.
Su trayectoria nos recuerda que la música es encuentro: cada instrumento aporta una voz, cada intérprete aprende a escuchar y cada creación nace de la relación entre las partes. La partitura permanece abierta; hay nuevos sonidos por explorar, canciones por interpretar y melodías por crear. Lo que comenzó en 2018 como una orquesta escolar continúa en 2026 con una identidad renovada y con el deseo de volver a sonar.